lunes, 23 de marzo de 2015

Recuperar el orgullo de ser europeos

Los españoles deberíamos ponernos al frente de la manifestación a favor de la Unión Europea. De construir unos Estados Unidos de Europa. Al mos europeum, lo que quiere decir, seguramente con demasiada burocracia y procedimientos, con muchos comités, mucho poder para las burocracias tecnocráticas, mucho reparto de poder entre distintos y heterogéneos niveles de decisión mucho mercadeo, muchas reglas de protección de las minorías de todo tipo, exceso de regulación etc. Nada es bueno sino por comparación.


La crisis económica y los problemas estratégicos en la periferia de Europa han puesto de relieve que “hace mucho frío fuera” y que lo mejor que puede pasarnos a los europeos es seguir avanzando hacia una unión cada vez más estrecha en la que se impongan las “mejores prácticas” de los estados nacionales o regiones europeas. Europa es un laboratorio con más experimentos que Estados Unidos. Incluso una moneda única tan mal diseñada como el euro ha sobrevivido gracias a unas pocas palabras del presidente del Banco Central. Al final, en Europa, nadie rompe la baraja. Europa tiene una mala salud de hierro. Y para los que no tenemos la suerte de ser daneses, Europa es la garantía de que nada demasiado malo nos pasará como sociedad. Europa es una gigantesca compañía de reaseguro. Es la garantía de que no nos pasará lo que a los venezolanos o a los pobres sirios. En Europa no permitimos que nadie se suicide.

Deberíamos ser más displicentes con los críticos de Europa, con los que pretenden dar lecciones a Europa o hablarle de tú a tú. A Europa, solo le puede hablar de tú a tú Estados Unidos y, quizá, China. Ni Rusia. Y, por supuesto, ni Grecia, ni Turquía, ni Gran Bretaña, ni las monarquías salvajes del Golfo Pérsico. Nadie en el mundo puede dar lecciones a Europa en respeto a los derechos de sus ciudadanos, en compasión por los que tienen peor suerte en la Sociedad, en democracia o en limpieza de la vida pública. Europa no depende ni de China. Depende de Estados Unidos porque no nos gastamos suficiente en Defensa y es cierto que somos un continente de maduros-viejos y que Estados Unidos ha ganado la carrera de los negocios en torno a Internet. Pero, como en los libros de Astérix, la aldea gala – enorme aldea gala – resiste. En Europa se innova y se exporta como en ninguna otra parte del mundo y las ideas, casi todas las ideas buenas que han hecho del mundo lo que es, nacieron en Europa.

Europa es la cuna de la Ilustración. El programa ilustrado sigue siendo el único digno de completarse en todo el mundo: el espíritu científico, el individuo en el centro de todo, la libertad y la igual dignidad de todos los seres humanos y la cooperación como regla de relación entre ellos son ideas europeas. Hay que quitarse los complejos y decir  bien alto que no se vive tan bien en ningún sitio como en Europa y que no hay, en el mundo, un programa alternativo y tan atractivo como el de la Ilustración. Y la Ilustración es lo que une a los europeos. Todos los pueblos de Europa han tenido su Ilustración y en ningún otro continente o región del mundo se desarrolló algo – ni de lejos – similar.

Cada vez que un grupo de franceses (Le Pen) o de ingleses (UKIP) o de griegos (Syriza) o de alemanes (IfD) le echan la culpa a Europa de lo que va mal en sus países; cada vez que un gobierno nacional azuza a sus ciudadanos contra el gobierno de otro país europeo, hay que contestarles dejando claro que esas no son las reglas del juego. Y que en este juego las reglas se aceptan in totum y se cambian sólo por los procedimientos previstos. Y que si no quieren jugar conforme a las reglas, los trataremos como a extranjeros, es decir, con respeto, pero “a cara de perro” porque estamos convencidos de que nuestras reglas son universalizables; porque querríamos que todo el mundo viviera como un europeo.

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